LOBO BLANCO
… ¿Como no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en
medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos
placeres me llama la atención? No puedo aguantar mucho tiempo ni en un
teatro ni en un cine, apenas puedo leer un periódico, rara vez un libro
moderno; no puedo comprender que clase de placer y de alegría buscan los
hombres en los hoteles y en los ferrocarriles totalmente llenos, en los
cafés repletos de gente oyendo una música fastidiosa y pesada; en los
bares y varietés de las elegantes ciudades lujosas, en las exposiciones
universales, en las carreras, en las conferencias para los necesitados
de ilustración, en los grandes lugares de deportes; no puedo entender ni
compartir todos estos placeres, que a mi me serían desde luego
asequibles y por los que tantos millares de personas se afanan y agitan.
Y lo que, por el contrario, me sucede a mí en las raras horas de
placer, lo que para mi es delicia, suceso, elevación y éxtasis, eso no
lo conoce, ni lo ama, ni lo busca el mundo…





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